

En el universo del ballet internacional hay nombres que funcionan casi como marcas. Marianela Núñez es uno de ellos. Desde hace más de dos décadas es una de las figuras centrales del Royal Ballet de Londres, una de las compañías más prestigiosas del mundo. Sin embargo, cada vez que vuelve a Buenos Aires, el relato cambia de escala. Allí no es solo una estrella. Es una artista que regresa a casa.
Para el público argentino, su nombre está profundamente ligado al Teatro Colón. Un escenario que funciona casi como una institución cultural nacional. En ese teatro, donde debutó siendo muy joven, Núñez construyó una relación particular con el público. No es simplemente una invitada internacional. Es una presencia que el público siente propia.
Qué hace “fenómeno” a Marianela Núñez
Dentro del ballet hay artistas técnicamente impecables. Y hay artistas que generan una conexión emocional inmediata con el público. Núñez pertenece a la segunda categoría.
Su estilo combina virtuosismo y claridad dramática. No se limita a ejecutar pasos difíciles. Construye personajes. Incluso para espectadores sin conocimientos técnicos, su interpretación resulta clara y expresiva. Esa cualidad explica parte de su popularidad fuera del circuito especializado.
También hay un elemento cultural. En una disciplina históricamente dominada por grandes escuelas europeas, Núñez se convirtió en una de las bailarinas latinoamericanas más influyentes de su generación.
De Buenos Aires al corazón del ballet mundial
Marianela Núñez nació en Buenos Aires y se formó en la Escuela de Ballet del Teatro Colón. A los 16 años ocurrió algo excepcional: fue invitada a unirse al Royal Ballet de Londres.
Su carrera avanzó con rapidez. En 2002 fue nombrada Principal Dancer, el rango más alto dentro de la compañía. Desde entonces ha interpretado los grandes papeles del repertorio clásico: Giselle, El lago de los cisnes, Don Quijote y Romeo y Julieta. En el mundo del ballet, estos roles funcionan como verdaderas pruebas de fuego.
Núñez no solo los superó. Los convirtió en su territorio artístico.
El Teatro Colón: un escenario con historia


El Teatro Colón ocupa un lugar singular en la vida cultural argentina. Inaugurado en 1908, es considerado uno de los teatros de ópera con mejor acústica del mundo. Durante más de un siglo ha sido un punto de encuentro entre la tradición europea y la escena artística latinoamericana.
Para Núñez, bailar allí tiene un significado especial. Es el lugar donde se formó, donde comenzó a imaginar una carrera internacional y donde el público la vio crecer.
Cada regreso al Colón tiene, por eso, algo de reencuentro.
Dos fechas para verla en Buenos Aires en 2026

Ese vínculo con la ciudad volverá a hacerse visible muy pronto. El 20 y el 22 de marzo de 2026, Marianela Núñez será bailarina invitada en El lago de los cisnes en el Teatro Colón.
Para el público porteño, su presencia siempre genera una expectativa especial. Las funciones en las que participa suelen adquirir un clima particular. No es frecuente que una artista que ocupa un lugar central en el ballet mundial vuelva con regularidad al escenario donde se formó.
Una artista global con raíces porteñas
La trayectoria de Núñez también cuenta una historia más amplia. Habla de formación artística, de talento y de una tradición cultural que sigue produciendo figuras capaces de conquistar los grandes escenarios del mundo.
Pero cuando Marianela Núñez vuelve al Teatro Colón, la dimensión internacional queda en segundo plano. Por unas horas, el escenario vuelve a ser el mismo donde empezó todo.